Este proyecto sitúa un universo doméstico sereno dentro del arquetipo del hortus conclusus o jardín cerrado.

La arquitectura se concibe como una disposición de espacios similar a un claustro, cuyo carácter está determinado por los temas espaciales de escala, eje, ritmo y repetición, con especial énfasis en las geometrías del cuadrado y el rectángulo, que se repiten a lo largo del diseño, expresadas en diferentes grosores de línea.




La distribución del programa contrapone apertura e intimidad, luz y sombra, lo público y lo privado, integrando sutilmente patrones de movimiento instintivos en la estructura de la casa.

Así como el huerto y el jardín frutal evocan levemente el mundo del monasterio medieval, la manera en que los elementos paisajísticos del patio se reducen a su esencia —un solo árbol y una lámina de agua— remite a la formalidad del jardín del claustro
























