Localizada en una urbanización que limita con la vega del Guadalquivir, en la comarca del Aljarafe sevillano, la vivienda se relaciona con el lugar asumiendo su carácter rústico y esencial.
Un edificio compacto que se cierra a la zona más urbana y se abre a la zona más rural, pretendiendo que los espacios interiores de uso común sean una extensión de los espacios exteriores y se relacionen más con la naturaleza que con lo construido.

Materialidad. El proyecto se define por su materialidad elemental. El bloque de hormigón blanco repetido y seriado con un aparejo singularizado dota de verticalidad y escala a la casa generando una imagen característica, contenida y atemporal.

La vivienda se propone en una sola planta que, bajo premisas funcionales pragmáticas, se organiza desde un único espacio principal que alberga todas las zonas de día en continuidad con el espacio exterior y que articula la relación con el resto de los espacios de la casa evitando circulaciones innecesarias.
Con una vocación de ocupación temporal, la casa se adapta a las circunstancias de habitabilidad y calidad necesarias para albergar a una familia grande.



La arquitectura propuesta pretende aceptar las condiciones de partida (lugar y cliente) sin mayores pretensiones que construir una casa esencial, que dialoga con el paisaje de construcciones heterogéneas del entorno rural y que se adapta a las exigencias del cliente de optimizar la relación calidad-precio para albergar el programa solicitado.

Se han implementado estrategias pasivas para aprovechar los recursos naturales (sol, viento, masa, etc) para mejorar el confort térmico de la casa sin consumir energía extra innecesaria. Muros ciegos y herméticos protegen de las temperaturas extremas del verano mientras las aperturas se orientan a los vientos dominantes, permitiendo ventilación cruzada de manera continua en todas las estancias.



























