El vacío más lleno de esta casa es una ventana: un umbral denso donde la luz, el movimiento y la vida cotidiana se convierten en arquitectura.
La vivienda Hermi se ubica en Sagunto, en un barrio caracterizado por el esquema repetido de casa con patio central y dos fachadas. El encargo partía de una condición clara: iba a ser habitada por una sola persona, soltera, con un modo de vida flexible y cambiante.
El desafío era transformar ese modelo doméstico arquetípico y rígido en otro más abierto, capaz de adaptarse a distintos usos sin perder identidad. A ello se sumaban las limitaciones propias del entorno urbano consolidado y la voluntad compartida entre cliente y estudio de trabajar desde criterios de sostenibilidad y economía circular.

La propuesta responde con un sistema basado en la sucesión de espacios cualificados por la luz y el movimiento. Se opta por construir la casa a partir de diecinueve unidades espaciales de geometría idéntica, de tres por tres por tres metros libres interiores.
Cada módulo incorpora su propio programa, iluminación y mobiliario, pudiendo funcionar de manera independiente o asociado a otros. Por adición, estos módulos generan espacios de dimensiones variables pero de sección controlada, dando lugar a situaciones domésticas mutables según las necesidades.




Como en una partida de ajedrez —en palabras de Herman Hertzberger— existen reglas claras, pero una libertad de movimiento casi infinita. Los módulos se agrupan y se mezclan, desdibujando la secuencia repetitiva bajo la lógica de “igualdad y diversidad” descrita por Tuñón y Mansilla. La casa zigzaguea, esconde y revela, provocando espacios sombríos pero bien iluminados. Todo gira en bucle alrededor de un gran patio central para las estancias principales y dos patios menores para las secundarias. El resultado es una estructura esponjosa donde solo el cincuenta por ciento es superficie interior construida; el resto son patios, terrazas y espacios intersticiales por los que la vivienda “respira”.

La vivienda plantea un recorrido continuo donde el espacio sustituye al pasillo. No hay tránsito residual: cada paso es ya una estancia. La casa se vive como una secuencia encadenada, un plano continuo donde habitar y moverse son la misma acción, siempre acompañados por la luz y la presencia cercana de los patios.
Toda la vivienda se construye en CLT, reflejando la apuesta por la sostenibilidad. El reciclaje del material sobrante de las fachadas se transforma en parte del mobiliario, combinado con piezas de IKEA intencionadamente “customizadas”, buscando coherencia entre espacio y objeto.

El uso del color refuerza el carácter híper optimista de la casa: a veces resalta elementos singulares en amarillos y verdes; otras, cualifica espacios completos, especialmente los húmedos, inspirándose en paletas cercanas al universo de Wes Anderson.
“La arquitectura no es solo un contenedor, es una herramienta para cambiar el estado de ánimo y la vida”, resume la filosofía del proyecto. La casa Hermi no solo construye ciudad desde su contexto, sino que propone una nueva manera de habitar: más abierta, más flexible y más consciente del poder transformador del espacio doméstico.



































