Localizada en una parcela de 980 m² en la ciudad de Braga, esta vivienda unifamiliar nace de la relación directa con el terreno y su orientación. La parcela se abre hacia el este y el sur, donde se disfrutan las vistas y la mejor exposición solar, mientras que al oeste presenta mayores condicionantes, marcada por la presencia de un muro medianero de unos 5 m de altura, resultante de construcciones anexas de la parcela colindante. De este modo, la propuesta busca protegerse hacia el oeste y abrirse generosamente hacia el este y el sur, garantizando confort térmico, privacidad y calidad espacial.

Constituida por dos plantas, la planta superior asume un carácter eminentemente íntimo, donde se distribuyen los tres dormitorios de la vivienda. Uno de los elementos más destacados de esta planta es una terraza continua que acompaña la fachada este/sur. Totalmente acristalada, ofrece vistas amplias y deslumbrantes sobre el Monte do Sameiro, reforzando la relación visual con el entorno natural e inundando los espacios de luz a lo largo del día.
En la fachada opuesta se dispone un jardín de carácter intimista, protegido de la vía pública mediante una chapa metálica perforada, que garantiza la necesaria privacidad del espacio al mismo tiempo que permite la entrada controlada de luz natural, iluminando la zona de circulación adyacente.




La planta inferior se desarrolla en torno a un elemento central de gran fuerza arquitectónica: un vestíbulo de entrada con jardín interior a doble altura. Este espacio, implantado en el corazón de la vivienda, actúa como núcleo distribuidor, articulando las diferentes áreas y creando un momento de pausa y contemplación desde el acceso. El jardín interior, iluminado cenitalmente a través de un hueco en la planta superior, introduce luz natural y una sensación de verticalidad que enriquece la circulación.

A partir de este punto se organizan tres zonas diferenciadas. Una zona privada, compuesta por una suite completa y un despacho. El espacio social, formado por una sala de estar y una cocina semiabierta a las estancias principales. Estos espacios se prolongan de manera natural hacia el porche cubierto y la piscina, reforzando la idea de continuidad entre interior y exterior y potenciando la vida al aire libre.
Estratégicamente adosada al extremo oeste de la parcela, la zona de servicios funciona como un muro habitado, resolviendo la fractura creada por el muro medianero existente. Aquí se sitúan el garaje con acceso directo desde la vía pública, la lavandería, el vestuario y el cuarto de instalaciones. Esta decisión libera toda la fachada este/sur y protege la vivienda de la orientación menos favorable.

Inspirada en influencias nórdicas, la vivienda se abre directamente a la calle, en una opción estética y funcional que promueve la simplicidad volumétrica, la transparencia y una vivencia cotidiana más fluida. La decisión de no cerrar la parcela con un muro permite que sea la propia volumetría de la vivienda la que delimite el espacio de forma sutil e integrada. De este modo, el frente de la parcela se libera para un jardín minimalista y un aparcamiento exterior privativo, reforzando la ligereza y la austeridad de la implantación.



















































