Entre Barcelona y Ciudad de México, Sandra Pereznieto compagina los encargos de arquitectura con sus proyectos artísticos. Hablamos con ella sobre el tiempo que necesita una imagen, la complicidad con los arquitectos y esa manera de mirar que se vuelve más íntima con cada visita.
Sandra Pereznieto regresaba al Museo Anahuacalli cada vez que encontraba un rato libre. Quería seguir fotografiándolo. La relación que construyó con aquel espacio fue tan cercana que hoy, al recordarlo, habla de nostalgia. Esa experiencia explica una parte de su trabajo: volver a los edificios para descubrir lo que queda después de la primera impresión.

Instalada en Barcelona desde 1999, desarrolla su actividad entre España y México. Los encargos de arquitectura y la práctica artística han recorrido caminos paralelos que, según cuenta, están cada vez más próximos. Esperar una luz, fotografiar bajo la lluvia o decidir que una casa debe contarse en blanco y negro son respuestas a lo que encuentra en cada lugar.
En esta conversación para Arquitectura en Blanco, Pereznieto recorre su trayectoria y su proceso de trabajo. Habla de la sombra que permite leer el blanco, del vínculo con obras que ha fotografiado durante años y de los límites que establece al editar. También reflexiona sobre la presencia de las mujeres en la profesión y el valor de una mirada propia ante la inteligencia artificial.
Una mirada entre arquitectura y arte
1. Para quien todavía no conozca tu trabajo, ¿quién es Sandra Pereznieto y cómo llegaste a la fotografía de arquitectura?
Hace ya muchos años que recorro un camino doble. Por un lado, me dedico a la fotografía de arquitectura, capturando proyectos de grandes arquitectos; por otro, fotografío mis proyectos artísticos, que terminan en exposiciones.
Desde muy pequeña sabía que quería dedicarme a la fotografía. Sin embargo, la fotografía de arquitectura me llegó cuando tenía unos 23 años, trabajando para un fotógrafo que me hizo enamorarme de ella.
2. ¿Qué encontraste en la arquitectura para querer dedicarte a fotografiarla?
Me encantaba estar en la calle, ver la vida mientras pasaba. Estar en un estudio me hacía sentir que me estaba perdiendo algo. Tal vez esa vertiente mía, más curiosa y aventurera, fue la que me impulsó a quedarme fuera de un estudio. La arquitectura me había encantado siempre, así que fue una transición sencilla.
3. ¿Cómo definirías tu mirada como fotógrafa? ¿Qué intentas transmitir cuando fotografías un edificio?
Mi mirada es muy íntima, cada vez más, y cada vez es más cercana a mi trabajo artístico. Entiendo que el arquitecto necesita algunas fotos clave para describir el proyecto, pero creo que el recorrido que hago por la arquitectura es cada vez más lento.
Le doy más tiempo a mis tomas para esperar la mejor luz. Busco incansable aquello que la arquitectura me susurra y que no se escucha en medio de las prisas y el ruido cotidiano. Vuelvo a los sitios para poder quitar la primera capa, la que encuentras cuando ves la obra por primera vez, y poder ir más profundo.
4. ¿Todas tus fotografías comparten un lenguaje común o cada proyecto te lleva hacia una forma distinta de fotografiar?
Para mí, cada proyecto es una hoja en blanco. Respeto mucho su personalidad: lo escucho, lo observo y entonces entiendo cómo tengo que fotografiarlo.
Una vez llegué a una casa de Mauricio Rocha en Jalatlaco, Oaxaca, que era casi una escultura de concreto. Después de un rato allí entendí que tenía que fotografiarla en blanco y negro. Hablé con Mauricio y me dijo que adelante. Creo que las fotos de esa casa funcionan precisamente en blanco y negro.
Es la obra la que me pone las reglas. Después, evidentemente, yo pongo mi mirada, que es muy particular. Pero, para mí, lo primero es la personalidad de la obra fotografiada.
La luz y el trabajo sobre el terreno
5. ¿Qué retos supone fotografiar arquitectura en blanco?
Saber que el blanco reflejará más luz y compensar; cuidar que existan contrastes para que la arquitectura luzca su blancura.
Siempre hay que recordar que la luz solamente la vemos porque existe la sombra. Si no, sería una mancha blanca imposible de ver. Por tanto, es importantísimo saber usar las sombras para resaltar lo blanco en la arquitectura.
«La luz solamente la vemos porque existe la sombra»

6. ¿Cómo preparas una sesión? ¿Visitas previamente el edificio, estudias los planos o prefieres descubrirlo el mismo día?
Un poco de todo. Si trabajo con un estudio de arquitectura más o menos nuevo para mí, que sucede pocas veces, me gusta recorrer la obra antes y escucharlos. Finalmente, son quienes la conocen a profundidad y es interesante recorrerla con quien la pensó y la diseñó.
Pero en casi todos los casos trabajo con gente con la que he colaborado durante años, por lo que suelo llegar a la obra el mismo día de la toma y esperar que sea ella la que me guíe. La obra, la luz y las sombras, desde luego.
7. ¿Cómo es tu agenda y cómo transcurre una jornada de trabajo?
Mi agenda suele ser muy tupida porque, cuando llego a México, fotografío muchos proyectos en un tiempo limitado. Así que fotografío casi a diario y, a veces, he de viajar para hacer las fotos.
Me levanto muy temprano para tomar el vuelo de las seis de la mañana y llegar a los lugares, como muy tarde, a las ocho. A las nueve puedo estar fotografiando y ya no paro hasta que se mete el sol.
No me gusta parar a comer porque ese parón me desconcentra. Además, me la paso sufriendo con la luz que se me está escapando y, después de comer, me da mucho sueño. Así que no hago una comida formal: me llevo un sándwich, frutos secos, alguna fruta y agua, y como mientras espero a que una luz entre como yo quiero o por donde yo quiero.
8. ¿Recuerdas alguna sesión en la que las circunstancias te sorprendieran y cambiaran el resultado?
Siempre hay instantes mágicos en la fotografía. En los Pabellones Cosmos, de Claudia Rodríguez y Rozana Montiel, hicimos tomas al amanecer y caminamos al otro lado del lago para atrapar la neblina de primera hora. Creo que esas fotos fueron mágicas.
La neblina siguió bastante presente durante la toma y yo continué fotografiando. Incluso comenzó a llover a cántaros, pero seguí con un paraguas grande.
Aquella casa se había construido para ver llover, para ver crecer las flores silvestres del terreno y disfrutar de la lluvia. Aunque yo no lo sabía cuando la estaba fotografiando, las fotos de esa toma tenían sentido y nos gustaron más que las del siguiente día soleado y con cielos azules. Fue una gran sorpresa para todas al ver esas imágenes. Eran muy hermosas.
9. ¿Prefieres reportajes amplios o pocas imágenes muy seleccionadas?
Hay proyectos que he fotografiado durante años, como el Centro Cultural San Pablo, en Oaxaca, de Mauricio Rocha y Gabriela Carrillo; el Memorial a las Víctimas de la Violencia en México, de Julio Gaeta y Luby Springall; o, más recientemente, la intervención de Mauricio Rocha en el Museo Anahuacalli.
Esos proyectos te permiten, o casi te piden, que te quedes, que los vayas fotografiando en el tiempo. Es increíble lo que cambian en las diferentes estaciones y con el paso de los años. Otros proyectos necesitan pocas fotografías. Cada proyecto es un mundo; creo que no hay una sola forma de fotografiar.
Además, las revistas difícilmente te publicarán más de ocho fotos, por lo que siempre has de preparar una selección. Si tienes más imágenes, puedes hacer un segundo conjunto para que, si te las pide otra revista, puedas mostrar otras y no las mismas.
La complicidad con quienes proyectan
10. ¿Cómo es tu relación con los arquitectos que te hacen un encargo? ¿Tienes libertad para trabajar?
Tengo una relación forjada por años de trabajo y por un profundo respeto mutuo. En general, me dejan hacer lo que quiero porque ya me conocen, conocen mi mirada y saben que yo conozco su obra a profundidad. Eso me permite ir más lejos.
Creo que la fotógrafa o el fotógrafo y la arquitecta o el arquitecto deben ser cómplices, no solo colaboradores.
11. ¿Qué aporta una buena fotografía a una obra de arquitectura? ¿Puede cambiar la forma en que entendemos un edificio?
Creo que puede sumar, y eso es lo importante: que sume, no que reste. Si sumas el diseño arquitectónico a una mirada con intención, el resultado suele ser mucho más auténtico y, por tanto, apela más a quien lo mira.
12. ¿Crees que la fotografía puede mejorar una arquitectura mediocre o perjudicar una gran arquitectura?
Creo que el gran reto del fotógrafo es encontrar la manera de sumar, siempre. A veces, cuando la obra no es tan espectacular, es un reto interesante. Siempre se puede sumar. Si vas a restar, haz otra cosa.
13. ¿Qué encargo ha sido especialmente importante para ti?
Para mí hay un antes y un después del Museo Anahuacalli. Forjé una relación con el espacio tan especial que a veces me doy cuenta de que tengo nostalgia. Esa relación tan íntima y cercana me hizo volver cada vez que tenía un ratito libre para fotografiarlo, y disfruté cada instante.
El Memorial también me ha dejado recuerdos muy entrañables. Fotografiar un monumento a las víctimas es un trabajo que va mucho más allá de la fotografía, y eso lo hizo muy diferente.
Pero todo trabajo tiene algo de especial. Trabajar con Rozana Montiel, por ejemplo, es una de las cosas que más disfruto, no solo por la arquitectura: compartir con ella, que es la única que siempre me acompaña a las tomas, es una gozada. Su arquitectura nunca deja de sorprenderme.
«Para mí hay un antes y un después del Museo Anahuacalli»

14. La fotografía de arquitectura ha sido tradicionalmente un sector muy masculinizado. ¿Has percibido cambios? ¿Cómo ha influido en tu experiencia ser mujer?
La ventaja de ser mujer es que tengo una mirada femenina que es muy sutil, pero que se nota. Las mujeres históricamente hemos estado en el ámbito del cuidar y creo que eso mismo hacemos cuando fotografiamos: cuidamos la luz, cuidamos el encuadre. Hay algo en el acercamiento a la obra que es diferente, ni mejor ni peor, pero diferente, y eso se nota.
Al principio de mi carrera me movía completamente en un mundo masculino. Con el tiempo, las mujeres han entrado al juego de una manera increíble y exquisita, aportando una mirada que hacía falta.
Ahora la arquitectura tiene a mujeres talentosas diseñando obras increíbles y a fotógrafas muy comprometidas que aportan una nueva mirada. Aunque el camino no ha sido fácil, creo que ha habido un cambio importante y valioso para toda la sociedad, porque la colaboración de ambas miradas es lo que hace que el mundo sea más rico en todos los sentidos.
El equipo y las decisiones de edición
15. ¿Con qué equipo trabajas? ¿Utilizas las mismas cámaras para arquitectura y para tus proyectos artísticos?
La arquitectura la trabajo con equipo Canon, mientras que mis proyectos de fotografía artística son más libres. Al principio usaba el mismo equipo, pero pronto me di cuenta de que necesitaba algo de dimensiones más pequeñas. Compré una cámara Fuji que me gustó mucho durante años, pero se fue quedando desactualizada y, hace algunos años, compré una Sony.
Para arquitectura uso una Canon R5 con varios objetivos: un Canon TS-E de 24 mm, un TS-E de 17 mm y un TS-E de 45 mm que me encanta. Después he ido adquiriendo otros que me sirven sobre todo para vídeo: un Canon RF 15–35 mm y un RF 24–105 mm. También tengo una Sony a7CR, que funciona muy bien para vídeo.
También trabajo con dron, un DJI Mavic 3. Para mi trabajo artístico uso principalmente la Sony con dos objetivos con óptica Zeiss, de 35 y 55 mm.
16. ¿Qué equipo básico recomendarías a alguien que quiera iniciarse en la fotografía de arquitectura?
Aunque sé que los objetivos de arquitectura son muy caros, recomendaría ahorrar para comprar al menos un TS-E de 24 mm.
17. Estudiaste cine. ¿Qué lugar ocupa el vídeo en tu trabajo?
Yo estudié cine, por lo que parece casi normal querer hacer vídeo. Sin embargo, el vídeo que me interesa hacer es mucho más lento que el que se hace hoy en día, por lo que solamente lo hago para algunos clientes.
18. ¿Cuánto peso tienen la selección y la posproducción en tu trabajo? ¿Dónde pones el límite entre mejorar una imagen y alterar la realidad?
Dedico muchas horas a la edición. Creo que es un trabajo importantísimo que he intentado dejar en manos de otros, pero nunca lo he logrado, así que dedico una buena parte de mis jornadas a editar.
Trato de borrar solamente cosas que distraigan la mirada. No me interesa una imagen sin entorno: las obras forman parte de un entorno que está bien que aparezca. Solo a veces hay, tal vez, un pedazo de papel, algo sin importancia, pero que te secuestra la mirada. Entonces intento quitarlo para asegurarme de que la mirada va a la obra.

La difusión y el futuro de la profesión
19. ¿Cómo crees que la comunicación ha cambiado la relación del público con la arquitectura?
Creo que en los últimos años la comunicación de la arquitectura ha hecho que ciudades enteras hayan salido a la luz, mientras que antes tal vez no eran tan visibles o tan atractivas.
La arquitectura se ha convertido en uno de los reclamos del turismo más importantes de los últimos años. Por eso se construyen tantos museos, estadios, edificios públicos, parques y espacios públicos en todos lados. De pronto, la buena arquitectura, o la que resulta atractiva para un porcentaje alto de la población, ha transformado el turismo.
20. ¿Qué publicación, exposición o colaboración ha tenido una repercusión especial en tu carrera?
Cuando Airbnb me compró fotografías de la Casa Girasol, de Eduardo Cadaval y Clara Solà-Morales, en El Port de la Selva, Girona, para su campaña de publicidad.
21. ¿Cómo utilizas las redes sociales y la web para comunicar tu trabajo?
En realidad, soy bastante intermitente. Tengo la gran suerte de contar con clientes muy fieles con los que trabajo desde hace muchos años, y eso hace que difícilmente pueda añadir más clientes a mi cartera. Así que publico más por gusto que como herramienta.
En el caso de mi nueva cuenta de Instagram, @sandrapereznieto, es diferente. Al ser nueva, quiero que crezca y sea más visible, pero ahí solamente comparto mi trabajo artístico. Hay quien dice que se nota mi mirada de arquitectura, jajaja. Supongo que también sucede en la arquitectura, donde se nota mi mirada artística.
22. ¿Qué futuro prevés para la profesión y cómo crees que puede afectarle la inteligencia artificial?
Creo que los cambios siempre son difíciles de integrar, pero, en la medida en que los vayamos incorporando, nos van a resultar beneficiosos. Ya hoy muchas de las actividades que llevamos a cabo como fotógrafos se han vuelto increíblemente más rápidas y sencillas con la IA.
Evidentemente, hay una cuestión inevitable de tipo moral que está ahí, pero creo que ya no tenemos opción de quedar fuera. O sí, pero no en un mundo competitivo.
Creo que hoy es más importante aún tener una voz propia, un estilo muy específico al fotografiar. Siempre he pensado que una mirada particular y, en mi caso, cercana a la mirada artística es un camino más sólido. Hoy en día parece casi vital.
«Creo que hoy es más importante aún tener una voz propia»
Los referentes y la memoria de las imágenes
23. ¿Qué fotógrafos y artistas te inspiran? ¿Qué trabajos recomendarías conocer?
La fotografía de Hélène Binet me chifla. Tiene una sensibilidad exquisita. Sus imágenes de las termas de Vals, de Peter Zumthor, o de la iglesia de Saint-Pierre, de Le Corbusier, son una delicia.
También me interesan artistas que trabajan con el lugar, como Nicolás Combarro: me parece muy interesante lo que hace con el espacio arquitectónico. O Lucía Gorostegui, que también hace arte a partir de la arquitectura.
En el ámbito de la fotografía de arquitectura me parece importante el trabajo de Leonardo Finotti. Para aprender a hacer buena fotografía de arquitectura considero vital revisar sus imágenes de la obra de Lina Bo Bardi o de Roberto Burle Marx. También me parece interesante conocer el trabajo de Duccio Malagamba y sus imágenes de Siza, que son hermosas.
24. ¿Qué edificio «en blanco» te gustaría fotografiar y por qué?
El Centro Municipal de Vela de Barcelona, diseñado por MBM Arquitectes, formado por Oriol Bohigas, Josep Maria Martorell y David Mackay.
Desde que llegué a vivir a Barcelona, hace muchísimos años, es un edificio que me tiene robada el alma. Lo he fotografiado muchas veces, pero no profesionalmente, y me encantaría. Me parece una pieza hermosa que, además, contrasta con el mar. Sus puntas para albergar las velas me parecen hermosas; todo el edificio me maravilla.
25. ¿Y con qué estudio de arquitectura te gustaría trabajar?
Me gustaría fotografiar la obra de RCR. La admiro mucho y sería muy interesante para mí fotografiarla.
26. ¿Qué hace que una fotografía de arquitectura sea realmente memorable?
No lo sé con exactitud. Tal vez que se hayan dado todas las circunstancias para que la foto sea memorable, o que la obra te guste especialmente. Sé lo que hace una buena fotografía, pero que sea memorable creo que tiene que ver con algo más emocional.
Tengo vínculos con las fotos de la misma manera que los tengo con algunas obras y con algunos arquitectos. Eso hace que algunas imágenes sean muy especiales para mí. ¿Memorables para los demás? Ni idea, le tendrías que preguntar a cada uno.
Sé que las imágenes al atardecer o al amanecer siempre gustan mucho, pero creo que eso no las hace memorables. Siempre hemos de buscar una foto que explique todo el proyecto en una sola imagen. A veces es imposible, pero cuando lo logras sabes que será importante.
27. ¿Hay imágenes tuyas que consideres irrepetibles?
Hay imágenes a las que les tengo mucho cariño y que son irrepetibles porque esas circunstancias no se volverán a dar. Por ejemplo, la del Pabellón de Suiza, de Dellekamp, en la que salen sus dos hijas y una amiga. El pabellón ya no existe y las hijas ahora son casi mujeres.
O la fotografía de la exposición Heliotropo 37, de Graciela Iturbide, en la Fondation Cartier de París, con proyecto de Mauricio Rocha. No solamente porque la exposición es efímera, sino porque a veces logras capturar un instante irrepetible. También alguna imagen de la exposición Habitar, de Clara Solà-Morales y Fernanda Canales, porque una sola foto explica toda la exposición. Y, desde luego, muchas de las imágenes del Museo Anahuacalli: alguna me tiene robada el alma.

Otra foto que me encanta es la de la Casa Encinos, de Rozana Montiel y Claudia Rodríguez, tomada con el dron. Era una casa muy hermosa en un momento en que salíamos de la pandemia. Estar allí con toda esa naturaleza y comunicarlo en las fotos fue muy lindo.
O la foto de Cancha, de Rozana, en la que logro fotografiarla de noche y se convierte en una imagen mágica. Tengo también fotos de un departamento en Sindicalismo, de Francisco Pardo, que me encantan por su estética.
La fotografía del Santuario de Nuestro Señor de Tula, de Derek Dellekamp y Jachen Schleich, es, creo, una imagen memorable. No solo porque logré captar toda la iglesia al atardecer, sino porque hay una historia detrás que tiene que ver con el temblor que arrasó esa zona.
«Siempre hemos de buscar una foto que explique todo el proyecto en una sola imagen»

28. Para terminar, ¿qué fotografías propias escogerías para compartir con los lectores?
Eso sí que es complicado. Si tuviera que escoger cinco o seis fotos mías, tal vez una de ellas sería del Anahuacalli. Pero no sabría si elegir aquella en la que se ve la biblioteca y, al fondo, el museo, que enseña la relación entre las balaustradas del edificio original y su reinterpretación en la nueva sección; u otra en la que vemos cómo entra la luz entre las balaustradas y su relación con la naturaleza.
Escogería la del Santuario, la de la cancha de noche y, tal vez, la del teatro de Eduardo Cadaval y Clara Solà-Morales. Una vez más, es una foto que te permite entender todo el proyecto de golpe.
29. ¿Y qué imágenes de otros autores elegirías?
Creo que me iría por imágenes de Hélène Binet, que me chiflan, aunque están más del lado de la fotografía artística. Alguna de las termas de Vals: todas ellas son exquisitas.

De Ezra Stoller me quedaría con una de las imágenes de la terminal de la TWA, que me parece increíble. De Leonardo Finotti me encanta una imagen del Museo de Arte Moderno de Río de Janeiro.


De Lucía Gorostegui me quedaría con la imagen que han escogido en la Fundación ENAIRE. Y, por último, con una foto de Rafa Gamo de Dicotomías del poder, de Dellekamp + Schleich.


Sobre Sandra Pereznieto
Sandra Pereznieto reside en Barcelona desde 1999 y desarrolla su actividad entre Barcelona y Ciudad de México. Compagina la fotografía de arquitectura con proyectos artísticos de largo recorrido. Sus imágenes han aparecido en publicaciones como Domus, Casabella, Wallpaper* y Arquine. En 2024 presentó VAIVÉN en el Museo Diego Rivera Anahuacalli, una exposición de fotografías impresas sobre telas transparentes que explora las relaciones entre imagen, espacio y percepción.


































































