Cuando el Mediterráneo se construye lejos del mar
Hay lugares que se recuerdan más por cómo nos hacen sentir que por su arquitectura. Ibiza pertenece a esa categoría. Más que una estética, representa una forma de habitar donde el tiempo parece desacelerarse y la vida sucede alrededor de la sombra, la conversación y el paisaje.

Ese fue el punto de partida de Studio Metamorphosis para diseñar esta vivienda de vacaciones en Albacete. Lejos de reproducir la arquitectura ibicenca de manera literal, el estudio decidió reinterpretar la esencia de la casa payesa desde una mirada contemporánea y profundamente vinculada al lugar donde se implanta.




La vivienda se organiza mediante una sucesión de volúmenes blancos de geometría rotunda que se disponen alrededor de un gran porche central. Más que un espacio exterior, este se convierte en el auténtico corazón del proyecto: un lugar donde cocina, comedor, piscina y salón dialogan sin jerarquías y donde la arquitectura desaparece para dejar paso a la experiencia de vivir.
La composición recuerda a las antiguas construcciones rurales de Ibiza, levantadas por agregación de piezas independientes. Aquí esa lógica se actualiza mediante una planta limpia y abierta, donde los distintos cuerpos albergan la suite principal, la zona de dormitorios, las áreas comunes y una cocina exterior concebida para prolongar la vida al aire libre durante los meses de verano.

En el interior, un gran muro de piedra natural atraviesa la vivienda como si siempre hubiera estado allí. Organiza la distribución, conecta la cocina con el comedor y el salón y aporta el contrapunto mineral frente a la ligereza de los revocos de cal y la madera natural que envuelve techos, carpinterías y mobiliario.
La elección de materiales responde a una búsqueda de honestidad más que de tendencia. Piedra, madera, cal y textiles naturales construyen una atmósfera silenciosa donde la luz es la verdadera protagonista. Todo está pensado para envejecer bien, asumir el paso del tiempo y adquirir carácter con los años.

Si la arquitectura mira hacia Ibiza, el interiorismo establece un diálogo con Castilla-La Mancha.
Botijos, un antiguo platero de madera y diversas piezas recuperadas de la Ossa de Montiel conviven con fibras naturales, mobiliario de obra y una paleta de tonos arena, piedra y crema. Lejos de buscar una recreación literal del estilo ibicenco, la vivienda construye un lenguaje propio en el que la tradición mediterránea y la artesanía manchega se encuentran con naturalidad. El resultado es un interior sereno y auténtico, donde cada objeto aporta memoria sin renunciar a una estética contemporánea.

Desde la entrada, un jardín de inspiración xerófila introduce al visitante en esa atmósfera antes incluso de cruzar la puerta. Palmeras, olivos, grava blanca y especies adaptadas al clima dibujan una transición pausada hacia una arquitectura que parece haber pertenecido siempre al paisaje.
Más que trasladar Ibiza a otro lugar, Casa Ibiza demuestra que aquello que realmente hace mediterránea a una vivienda no es su ubicación, sino su manera de relacionarse con la luz, con los materiales y con quienes la habitan.




































































































