Fernando Caruncho, una de las figuras fundamentales del paisajismo español contemporáneo y uno de sus nombres de mayor proyección internacional, ha fallecido en Madrid a los 68 años. Durante más de cuatro décadas desarrolló una manera profundamente personal de entender el jardín, en la que paisaje, arquitectura, geometría y luz formaban parte de una misma idea.
La noticia de su fallecimiento se conoció el 23 de agosto de 2026, apenas unos días antes de que cumpliera 69 años. Nacido en Madrid el 6 de septiembre de 1957, Caruncho deja tras de sí más de 150 intervenciones desarrolladas en numerosos países y una obra que contribuyó decisivamente a situar el paisajismo español dentro del panorama internacional. Por el momento no han trascendido públicamente las causas de su muerte.
De la filosofía al jardín

La trayectoria de Fernando Caruncho resulta difícil de separar de su formación humanística. Antes de dedicarse profesionalmente al paisaje, comenzó sus estudios de Filosofía en la Universidad Autónoma de Madrid, donde el pensamiento clásico y la reflexión sobre la relación entre el ser humano y la naturaleza comenzaron a orientar su manera de observar el mundo.
En 1979 inició su formación en paisajismo en la escuela Castillo de Batres de Madrid y, poco después, comenzó una trayectoria profesional que se prolongaría durante más de cuatro décadas. Su aproximación al jardín nunca se limitó a la selección de especies o a la composición ornamental: para Caruncho, el paisaje constituía una forma de pensamiento y una herramienta para establecer vínculos entre el ser humano, la arquitectura y el territorio.
Aunque internacionalmente fue reconocido como paisajista, él mismo reivindicaba una palabra mucho más antigua para definir su oficio: jardinero. En una entrevista publicada por El País, Caruncho defendía el jardín como un espacio esencial para restablecer la relación entre el ser humano y la naturaleza.
Geometría, luz y paisaje
La obra de Caruncho desarrolló un lenguaje inmediatamente reconocible sin convertirse por ello en un estilo cerrado. La geometría funcionaba como instrumento para interpretar el lugar; la vegetación aparecía de manera contenida; el agua incorporaba reflejo y movimiento, mientras que piedra, grava, cultivos y arquitectura construían una estructura sobre la que actuaba uno de sus materiales esenciales: la luz.

Esta aproximación conecta directamente con una reflexión más amplia sobre la relación entre arquitectura y paisaje, entendidos no como disciplinas independientes, sino como partes de una misma construcción del lugar.
En lugar de convertir el jardín en una composición autónoma, Caruncho trataba de descubrir las características esenciales de cada emplazamiento. De esa lectura podían surgir ejes, retículas, recorridos, superficies de agua o masas vegetales capaces de ordenar el espacio sin borrar la identidad del territorio.
La arquitectura, desde esa perspectiva, no debía imponerse al jardín. Debía surgir de él.
Esta filosofía se encuentra también en la evolución de Caruncho Garden & Architecture, el estudio desde el que desarrolló buena parte de su trayectoria internacional. Durante los últimos años, sus hijos Fernando y Pedro Caruncho, ambos arquitectos, se incorporaron al estudio, prolongando esa investigación conjunta entre paisaje, jardín y construcción.

Mas de les Voltes, el paisaje convertido en geometría
Entre los proyectos fundamentales de su trayectoria destaca Mas de les Voltes, un jardín agrícola privado realizado en Girona en 1994.
La intervención condensa muchas de las ideas que acompañarían posteriormente su obra. El paisaje agrícola mediterráneo se transforma mediante una estructura geométrica en la que cultivos, árboles, caminos y agua adquieren una nueva relación entre sí.
No existe aquí una frontera clara entre jardín productivo y jardín contemplativo. El territorio agrícola se convierte en materia de proyecto, mientras que las geometrías modifican continuamente su percepción a través de la luz, las estaciones y el crecimiento de la vegetación.

Mas de les Voltes se convertiría en una de las obras más reconocibles de Caruncho y en una demostración temprana de cómo elementos extremadamente sencillos podían construir una experiencia espacial de enorme intensidad.
A lo largo de las décadas siguientes, esa manera de trabajar se extendería a proyectos en España, Portugal, Francia, Italia, Reino Unido, Estados Unidos, Japón, Grecia, Suiza, Marruecos o Nueva Zelanda. Entre sus obras aparecen también L’Amastuola, en Puglia; la Casa del Agua, en Grecia; Pazo Pegullal, Sotogrande o diferentes jardines desarrollados en Europa y América.
Los Jardines de Pereda y el Centro Botín
Una de las intervenciones públicas que mejor permitió trasladar su pensamiento a la escala urbana fue la transformación de los Jardines de Pereda de Santander, desarrollada en relación con la construcción del Centro Botín y en colaboración con el estudio de Renzo Piano.

El proyecto permitió ampliar los históricos jardines desde aproximadamente 20.000 hasta cerca de 48.000 metros cuadrados, mientras que la superficie verde aumentó notablemente. La intervención recuperó al mismo tiempo la conexión peatonal entre el centro histórico de Santander y la bahía.
Más allá de las cifras, el proyecto resulta especialmente representativo de la forma en que Caruncho entendía el paisaje. La actuación conserva la memoria del jardín existente mientras introduce una nueva escala, reforzando recorridos, vegetación, luz y color y construyendo una relación continua entre ciudad, jardín, arquitectura y mar.
El Centro Botín no se entiende únicamente como un objeto arquitectónico situado junto al parque. El paisaje participa en la forma en que el edificio de Renzo Piano se relaciona con Santander y con la bahía.

La colaboración permite además vincular la trayectoria de Caruncho con uno de los grandes nombres de la arquitectura contemporánea. Renzo Piano Building Workshop continúa plenamente activo y recientemente ha sido seleccionado entre los seis finalistas del RIBA Stirling Prize 2026 por Paddington Square en Londres.
Esta condición resume una de las aportaciones esenciales de Fernando Caruncho: entender arquitectura y paisaje no como disciplinas independientes, sino como partes de una misma construcción del lugar.
El legado de Fernando Caruncho
Fernando Caruncho deja una trayectoria de alcance internacional, pero también una determinada manera de entender el oficio.
Frente a un paisajismo basado en la acumulación, su obra buscó reiteradamente reducir para hacer visible lo esencial. Agua, piedra, árboles, cultivos, geometría y luz podían resultar suficientes para transformar un territorio y convertirlo en un espacio de contemplación.
Sus jardines no hablaban únicamente de naturaleza. Hablaban también de tiempo, cultura, memoria y de la posición del ser humano frente al paisaje.

Su interés por la Grecia clásica, los jardines islámicos, la tradición mediterránea o la abstracción geométrica convivió con una profunda atención hacia las características específicas de cada lugar. Esa capacidad para combinar pensamiento y materia convirtió su trabajo en una referencia que trascendió el ámbito estrictamente paisajístico.
Con su fallecimiento desaparece uno de los grandes referentes españoles del jardín contemporáneo, pero permanecen sus obras y una forma de mirar que ha influido profundamente en la relación contemporánea entre paisaje y arquitectura.
Fernando Caruncho defendió durante toda su trayectoria que el jardín debía ayudarnos a mirar de nuevo aquello que aparentemente ya conocíamos. Su legado permanece precisamente ahí: en la geometría, en el agua, en la vegetación y, sobre todo, en la luz.























