Situada en Las Rozas, con vistas abiertas hacia la Sierra de Guadarrama, la vivienda se compone de cinco cilindros que configuran la propuesta y dan forma a su geometría por diversos motivos.

Los cuerpos cilíndricos organizan el programa de manera precisa, albergando las habitaciones, la zona de estar, la pieza que integra el acceso rodado con el garaje y el área destinada a la salud, el volumen que contiene la piscina y las instalaciones, y la zona de entrada. La estructura se resuelve con nitidez a través de esta geometría, que define con coherencia el carácter espacial de cada ámbito.

Los cilindros se seccionan de manera oblicua por dos razones. Por un lado, para adaptarse de forma natural al desnivel del terreno; por otro, en la cota superior, para responder a la necesidad de una cubierta inclinada —tradicional en la zona— y captar la luz desde distintas orientaciones.




La planta se organiza de manera racional mediante cuerpos ortogonales dispuestos a 120°, que se enlazan entre sí formando un reducido pero significativo patio interior. Debido a su geometría, la luz transforma su superficie y modifica la percepción del espacio a lo largo del día.

Con el paso del tiempo, las aperturas permiten disfrutar de vistas panorámicas del paisaje. Esta configuración posibilita además que cada pieza disponga de un espacio exterior propio: patios protegidos del viento y de las miradas en dos de los volúmenes, y una terraza abierta en otro de ellos.
Desde un punto de vista más intuitivo, quizás la fascinación por el “Homenaje a Brancusi” de Andreu Alfaro constituye un detonante esencial para comprender el origen de este proyecto.




































































































