La Residencia Mot-L se sitúa en la parte alta y en el todavía reciente tejido urbano de la ciudad de Lagos.
El conjunto ocupa tres parcelas, que se interconectan formando un conjunto residencial. El espacio central es el patio o la plaza, un espacio exterior privilegiado de estancia hacia el que se orienta gran parte de las viviendas. En él se localizan las áreas de ocio, la piscina, las terrazas exteriores, los espacios ajardinados perimetrales y un pequeño edificio de apoyo.

El patio está flanqueado por dos largos edificios residenciales de cuatro plantas, robustos, de base paralelepipédica, recortados por hendiduras horizontales, siguiendo una lógica geométrica que se repite a lo largo de todo el conjunto. Estas hendiduras son el negativo de un volumen en el que se desarrollan amplias terrazas y balcones, complementarios a los cerca de 90 apartamentos del complejo. El color blanco, aplicado sobre el revoco, es claramente dominante. El blanco acentúa las sombras que se generan en las generosas terrazas suspendidas, donde los espacios exteriores de estar resultan más agradables y adquieren pleno sentido.

El tono gris verdoso procede de la piedra natural arenisca, presente en el basamento / planta baja, en los muros envolventes y en diversos planos, que por su gran porosidad y sobriedad atenúa su presencia visual, permitiendo aligerar el edificio, dotarlo de una mayor elegancia y reforzar un cierto rigor geométrico.




Los accesos a ambos edificios se realizan a través de vestíbulos, que se prolongan en largas galerías dotadas de luz natural, iluminando los recorridos y los accesos a las viviendas, concebidas como residencia de carácter permanente.
La profundidad de las terrazas y balcones fomenta la vida al aire libre y el disfrute, con un cierto grado de intimidad, de un clima suave y de las vistas sobre la ciudad.

Este conjunto está diseñado para constituirse como un nuevo bloque urbano, abierto a la ciudad pero disfrutando de una gran privacidad. Es un compromiso con el espacio público y un encadenamiento con su entorno. Representa la prolongación urbana del otro edificio que proyectamos, Santa Maria. En ambos casos se trata de una arquitectura propia del sur, de la agitación urbana, de las sombras y de los patios, pero también de la intimidad de los espacios, por donde la mirada se asoma y se pierde.
































