En un principio, el objeto de la propuesta era desarrollar un edificio residencial para tres viviendas y aparcamiento en un irregular solar del centro histórico de Valencia.
Un cometido básico inicial que, conforme se profundizaba en las circunstancias y características de los futuros usuarios, fue evolucionando hasta derivar en un proyecto más complejo y próximo a un planteamiento a modo de superposición en altura de tres viviendas unifamiliares distintas con generosas zonas comunes.

La iniciativa partía de la necesidad de una madre y sus dos hijos (independientes y con sus respectivas familias) de residir en un mismo inmueble y próximos a los principales servicios de la ciudad (desde sanitarios a escolares o administrativos).
La intención por tanto era dejar atrás su residencia en una zona de baja densidad en las afueras para que las tres unidades familiares pudieran convivir del mejor modo posible en un nuevo emplazamiento urbano, facilitando así la interacción entre ellos y sus desplazamientos.




La propuesta gira en torno a dos objetivos destacados o temáticas de interés: desarrollar un diseño residencial plurifamiliar sostenible —tanto en términos ambientales como de calidad de vida de los usuarios— que potencie los espacios compartidos, y lograr una buena convivencia e interacción entre la obra nueva y la ciudad histórica desde una perspectiva contemporánea.
Así, por un lado, el proyecto incorpora cuestiones como la presencia de vegetación y agua, la apertura de patios vivideros, el fomento de las ventilaciones cruzadas, la introducción de porches o sombras y protecciones solares, la elaboración de soluciones constructivas adecuadas que priorizan el aislamiento térmico y acústico o la apuesta por sistemas energéticos eficientes como la aerotermia.

Y, por otro lado, la propuesta trata de establecer un diálogo con un contexto urbano tan significativo como sensible, maximiza la relación interior-exterior, presta especial atención a las visuales del proyecto y busca la valorización y percepción de los principales elementos patrimoniales del entorno próximo.
En este sentido, se conforman los espacios teniendo en cuenta los encuadres y fondos de perspectiva de mayor interés, se optimiza la apertura de huecos en las distintas fachadas (tanto las recayentes a la vía pública como a los patios interiores), se fomenta la continuidad espacial y se propone una expresión y configuración exterior que, a la vez que se ajusta a la estricta normativa urbanística del centro histórico, también establece conexiones con la narrativa empleada en la organización interior.

El desarrollo de la propuesta incluyó una fase de excavación arqueológica que permitió desvelar las sucesivas capas de historia del lugar.
Con la con la voluntad de poder conectar el proyecto con estas trazas de su memoria y enriquecer la arquitectura, finalmente se consiguieron incorporar algunos elementos destacados a la solución final, como uno de los pozos medievales, visible desde la zona común del sótano, o una serie de baldosas góticas que pudieron integrarse en la solera del patio-jardín de acceso, muy cerca por tanto de donde algún día siglos atrás fueron colocadas por primera vez.































































