El Pabellón de Recepción se concibe como un purgatorio imaginario: un tránsito desde el ámbito urbano contaminado hacia un paisaje de claridad ecológica. Se presenta a la vez como algo arraigado e imaginario, dinámico: un círculo tectónico en movimiento, donde la naturaleza entra por todos los lados y el visitante pasa a formar parte de ella.
Ubicado en Kajetia, al este de Georgia, junto a la joya del lago Kvareli —una cuenca natural abrazada por montañas—, el pabellón marca la línea de encuentro entre el bosque y el agua. Funciona como edificio de recepción de un resort: los huéspedes llegan, dejan sus coches y realizan la transición hacia un transporte ecológico que los conduce al hotel. La arquitectura actúa como mediadora entre la serenidad del lago y la densidad del bosque.

El reto consistía en diseñar un espacio de recepción que equilibrara el confort de los huéspedes, la eficiencia del personal y la sensibilidad medioambiental. Una gran zona de aparcamiento para 75 coches amenazaba con aislar el edificio de la naturaleza, por lo que el volumen cuadrado se giró 45° para abrir conexiones visuales y espaciales en todas las direcciones.




Los límites entre interior y exterior se diluyen; el pabellón respira con su paisaje. Bajo una cubierta de hormigón flotante, las zonas abiertas y cubiertas se fusionan en un sistema fluido que permite la ventilación natural. Bajo la cubierta se sitúan el área de recepción, los aseos para los huéspedes, los espacios de servicio y la oficina administrativa, esta última discretamente separada para garantizar tanto la eficiencia operativa como la tranquilidad de los visitantes.
La tectónica se define por una cubierta cuadrada de hormigón armado apoyada en cuatro soportes: dos volúmenes cerrados de hormigón —uno circular para los aseos y otro cuadrado para la oficina— y dos esbeltas columnas. Entre ellos, un cerramiento acristalado transparente genera un espacio principal abierto en 360°.

La cubierta se prolonga mediante un voladizo de 6 metros, cuya rigidez se garantiza mediante un patrón dinámico de cuatro vigas. La simplicidad del hormigón y el vidrio asegura durabilidad y un mantenimiento mínimo, mientras que la apertura de la estructura permite la ventilación pasiva y un menor consumo energético: una estructura sólida para una arquitectura de ligereza.



































