Casa Delães, diseñada para transformar el entorno rural, estructuralmente sólido, difuso y sin identidad, se presenta con un volumen contemporáneo y abstracto, donde las relaciones entre luz y sombra, líneas rectas y curvas, caracterizan el pensamiento que subyace a su construcción.

En un contexto rural-urbano, con una estructura difusa y sin carácter, el terreno estaba ocupado al oeste en toda su anchura por un edificio anexo preexistente, al norte por un muro perimetral de cuatro metros de altura con una fuerte presencia constructiva, al sur por un edificio de vivienda colectiva que invade visualmente el centro de la parcela, y al este por el acceso público de una calle cúbica de granito azul sin circulación peatonal, que es la responsable de definir el inicio de la nueva vivienda.

La vivienda se organiza en torno a un eje longitudinal, un volumen que linda con el límite norte de la parcela y que, en un gesto continuo, conecta el camino público con el interior privado del solar; y un eje vertical, conformado por un volumen de dos plantas, abstracto y refinado, que establece la relación entre los distintos niveles de la parcela y los aleros construidos circundantes. Y es precisamente en esta simbiosis de horizontalidad y verticalidad, donde convergen ambos lenguajes arquitectónicos, donde se materializa la construcción del proyecto.




El volumen longitudinal se ve reducido por dos patios con líneas curvas, que rompen la lógica cartesiana de la construcción e introducen la curva como un gesto de hospitalidad y luz, mientras que el volumen vertical está determinado por la dureza de la volumetría cúbica privada encerrada en sí misma, la línea recta.
La relación entre el ángulo recto y la línea curva no es de contradicción, sino de complementariedad: mientras que el cubo organiza y contiene, la curva invita, difumina los límites y juega con la luz exterior e interior.

El interior de la casa es el resultado de sustraer material de la primera planta, donde se da prioridad a la relación abierta entre el interior y el jardín exterior, a través de grandes aberturas acristaladas, mientras que la segunda planta monolítica consta de una abertura por fachada, lo que refleja la racionalidad y la exposición privada al entorno público circundante.
Dentro de un continuo espacial, la piscina se integra en esta misma lógica, no como un elemento programático aislado, sino como una extensión de la vivienda, una superficie reflectante que conecta los planos verticales del edificio con la horizontalidad del paisaje rural circundante.

Casa Delães rechaza la neutralidad y se afirma a través de un lenguaje que busca la integración arquitectónica con el territorio mediante el suprematismo y la interpretación de lo vernáculo, construyendo referencias, identidad, memoria y afecto por la nueva forma de vida.



































