En una parcela estrecha de La Plata, la Casa Curutchet separa consultorio y vivienda mediante patios, rampas y terrazas que reinterpretan los cinco puntos de la arquitectura moderna.

En 1948, el cirujano Pedro Domingo Curutchet encargó a Le Corbusier una casa con consultorio en La Plata. El arquitecto no viajó a Argentina: desarrolló el proyecto desde París y envió la documentación para su ejecución. Las obras comenzaron en 1949 bajo la dirección de Amancio Williams y finalizaron en 1953 tras distintos ajustes y cambios de dirección.

La parcela urbana, estrecha y entre medianeras, obligó a transformar los principios ensayados en villas aisladas. El programa se divide en dos cuerpos: el consultorio hacia la calle y la vivienda en la parte posterior. Entre ambos, un patio conserva un árbol existente y permite que luz, aire y vegetación atraviesen el conjunto.

Una rampa blanca organiza la promenade architecturale desde la planta baja hasta las áreas principales. Pilotis, fachada libre, ventana longitudinal, planta libre y terraza-jardín aparecen adaptados a las restricciones del solar. La estructura independiente permite que el espacio fluya bajo el volumen y que la calle penetre visualmente hasta el corazón de la casa.

La fachada se compone mediante brise-soleil, planos blancos, huecos profundos y una trama modulada. No es una envolvente cerrada, sino una sección habitable que controla el sol y construye distancia respecto a la calle. En el interior, las proporciones y parte del mobiliario responden al Modulor, reforzando la relación entre cuerpo, medida y espacio.
Casa Curutchet es la única vivienda de Le Corbusier construida en América Latina y forma parte de la inscripción UNESCO de su obra arquitectónica. Su importancia reside en demostrar que el lenguaje moderno no era un repertorio fijo: podía negociar con una trama histórica, un clima diferente, una vivienda profesional y un árbol preexistente sin perder coherencia.

























































