En el corazón tranquilo de la llanura de Mantua, donde el río ralentiza su curso y la niebla invernal parece guardar secretos ancestrales, se alza San Benedetto Po, un pueblo de agua y silencio, suspendido entre la tierra y el cielo como un fresco que ha sobrevivido al paso del tiempo.

Las casas, bañadas por cálidos tonos terracota, se agrupan alrededor de las plazas con la discreción de quienes comprenden la paciencia de las estaciones.
Los soportales proyectan largas y suaves sombras sobre la piedra desgastada, mientras que las antiguas ventanas parecen esperar el regreso de los monjes, comerciantes y peregrinos que durante siglos transitaron por estas calles.




El pueblo alberga el extraordinario complejo de la Abadía de Polirone, inmenso y austero en su presencia arquitectónica, situado entre la Piazza Canossa y la Piazza Folengo.
Aquí, claustros con columnatas se despliegan alrededor de jardines secretos y patios ocultos, resguardados del constante ir y venir de transeúntes.
Reinterpretar los ecos ancestrales de estas arquitecturas —tan presentes y poderosas en el tejido de un pueblo tan pequeño— implicó buscar pacientemente una relación auténtica con el pueblo y su paisaje construido.
El nuevo gimnasio se concibe como un dispositivo urbano capaz de reconectar relaciones, caminos y espacios colectivos. Se integra cuidadosamente en el tejido existente mediante una composición en forma de L que preserva la continuidad visual de los patios de la escuela, dialoga con el parque público adyacente y reconfigura todo el sistema de accesos.

El edificio surge del deseo de combinar funcionalidad técnica, calidad espacial y sostenibilidad ambiental, ofreciendo a los estudiantes un entorno acogedor y luminoso, diseñado no solo para la actividad física, sino también como un lugar de encuentro, crecimiento e inclusión.
La distribución interior se ha concebido según los principios de máxima eficiencia y flexibilidad. El pabellón deportivo principal, dimensionado para albergar diversas disciplinas deportivas, constituye el corazón del edificio y se complementa con espacios de servicio perfectamente integrados: vestuarios, almacenes, instalaciones técnicas y zonas para espectadores.
El gimnasio ha sido diseñado para responder no solo a las necesidades educativas cotidianas, sino también a actividades extraescolares y eventos comunitarios abiertos al público. Esta doble vocación confiere al proyecto un importante valor urbano, transformándolo en un dinámico punto de referencia social más allá del horario escolar.

Desde una perspectiva compositiva, el proyecto se articula mediante un lenguaje arquitectónico esencial, definido por volúmenes puros configurados a través de huecos y proyecciones cuidadosamente calibrados que marcan las entradas principales del edificio.
El esquema arquitectónico evoca tanto la monumentalidad como el carácter mesurado de las estructuras que componen el complejo Polirone, estableciendo un diálogo basado en la proporción, la masa y el orden tipológico. La monomaterialidad expuesta que caracteriza las grandes fachadas del complejo monumental se reduce aquí a la esencialidad de un monocromo blanco, otorgando a la intervención una imagen abstracta y etérea.




































