En Premià de Dalt, la intervención parte de un profundo respeto por la arquitectura original de Josep Lluís Sert, entendida no solo como una forma construida, sino como una manera de habitar.
La rehabilitación de la Casa Blajot (1978–1979) se aborda a partir de una lectura precisa de su lógica espacial, su relación con el lugar y su materialidad esencial, reconociendo el valor arquitectónico y cultural de la obra original.

El proyecto recupera los valores fundamentales de la vivienda —claridad estructural, sobriedad constructiva y una relación fluida entre interior y exterior— adaptándolos a las necesidades contemporáneas de confort, eficiencia y uso. Esta actualización se realiza sin alterar la identidad ni el lenguaje arquitectónico de la casa, preservando su carácter y su coherencia formal.




La ampliación, concebida para acoger a una nueva familia, no compite con la obra existente, sino que la acompaña de manera respetuosa.
Se integra mediante la continuidad material, el control de la escala y la proporción, reinterpretando los principios de Sert desde un lenguaje contenido y actual. Más que una suma de piezas, la intervención busca un equilibrio entre pasado y presente, donde lo nuevo se reconoce como tal sin romper la unidad del conjunto.

La rehabilitación se entiende así como un ejercicio de precisión y responsabilidad: actualizar sin desvirtuar, intervenir sin imponer y prolongar la vida de una obra manteniendo intacta su filosofía arquitectónica.

















































