En un contexto urbano consolidado, el edificio ocupa dos parcelas opuestas entre sí que limitan con planos marginales distintos. Aprovechando la acusada diferencia de cotas entre dichos planos, parte del edificio se eleva, dejando bajo sí un espacio cualificado que permite una conexión visual y física —y por tanto urbana—, posibilitando comprender lo edificado dentro de la trama de ese tramo de ciudad.
De este modo, se nos invita a la posibilidad de atravesar la manzana, con una amplia noción de espacio urbano, ahora fluido y con una clara intención de confrontación entre la escala humana y la urbana, lo que contribuye a una comprensión lógica de la ciudad.

Desde el enfoque del principio generador del diseño urbano organizado por el concepto, el espacio no construido en el interior de la parcela alberga un jardín público/privado que sitúa al ser humano en un espacio de aislamiento tranquilo, dentro de las características dinámicas propias de la ciudad.
Los cuerpos del edificio se caracterizan por una dinámica de confrontación cultural típica del barrio, en constante diálogo y comunicación entre sí. Unidos por un aparcamiento semienterrado, aprovechan las ventilaciones naturales, lo que confiere a la unidad construida características ambientales saludables desde el punto de vista de la sostenibilidad urbana.




El “Ernesto do Canto” se orienta hacia sí mismo. Crea hacia el interior ambientes ajardinados y zonas de estancia y circulación, propios del concepto de habitar el exterior más allá de las unidades residenciales. La cuidada “frontera” entre el edificio y el plano marginal otorga al Ernesto do Canto una dimensión urbana adecuada a la escala del edificio en el delicado espacio en el que se inserta.
Es intencionada la descompresión que el concepto del “Ernesto do Canto” provoca en una trama densa, característica de la Freguesía de São Pedro en Ponta Delgada. Aporta una clara “disrupción armoniosa” entre lo preexistente y una nueva dinámica de habitar la ciudad.

Tipológicamente, las viviendas de uno a cinco dormitorios heterogeneizan intencionadamente el modelo familiar, creando de forma objetiva dinámicas humanas fundamentales para el desarrollo de las ciudades, los barrios y las unidades residenciales de vecindad. La arquitectura intenta resolver cuestiones complejas desde el punto de vista del desarrollo urbano y del espacio en el que se inserta. En este sentido, el “Ernesto do Canto” sitúa el acto de “habitar” en su sentido más primordial: dar valor a las ventajas de formar parte de la ciudad, sin imponerse.







































































