Casa Cabreira: el encuentro entre la norma y la libertad formal
El lugar estaba condicionado por una serie de premisas rigurosas: una trama normativa propia de una urbanización suburbana, con sus retranqueos y límites reglamentarios definidos; la presencia orgánica del bosque de eucaliptos que bordea la parcela por el sur; la luz prolongada y profunda del atardecer; y la horizontalidad distante del paisaje litoral.

Rechazando la mímesis pasiva o la imitación del entorno, la arquitectura se establece mediante una presencia autónoma y una identidad deliberada en el territorio, prescindiendo de artificios constructivos o de recursos ornamentales para alcanzar su propia expresión arquitectónica.
La génesis del diseño parte del volumen estático y normativo permitido por las restricciones legales. Sin embargo, este se somete a una serie de operaciones geométricas: sustracciones volumétricas para permitir la entrada de luz, desplazamientos de masas para configurar el vacío y la aplicación de proporciones que permiten transformar el espacio en un entorno habitable y ergonómico.



De este trabajo de incisión surge una composición escultórica y monomatérica.
Desprovista de elementos superfluos, la masa construida desmaterializa su rigidez inicial y se transforma en un cuerpo abstracto y táctil, cuya espacialidad queda definida y dimensionada exclusivamente por el efecto de la luz y las sombras generadas por el propio diseño.
Organizada en dos plantas que responden a una distribución funcional racional, la vivienda establece una jerarquía entre la privacidad y los espacios de convivencia, situando la escalera central como elemento articulador y organizador del espacio, un gesto estético y estructurante de todo el ivolumen.

La planta baja alberga la zona social, desde la que se obtiene una percepción global de la parcela. La planta superior acoge el ámbito privado, compuesto por dos dormitorios conectados mediante un plano acristalado y un pasillo-galería que recoge la historia familiar, estableciendo una transición hacia el dormitorio principal, concebido como un espacio de mayor intimidad y recogimiento.

En un ejercicio de profunda depuración formal, la Casa Cabreira desmaterializa el peso de las condicionantes del lugar mediante las proporciones, el contraste y la luz, transformando el espacio doméstico en un cuerpo esculpido, silencioso y plenamente vinculado a una poética del afecto de quienes lo habitan.



































