Durante las últimas décadas el arte contemporáneo ha contribuido a recuperar grandes infraestructuras industriales urbanas que habían llegado a la obsolescencia.

La cultura ha resignificado así mataderos o tabacaleras que ahora albergan distintos usos museísticos y dotacionales. Ahora estos espacios, desprovistos de sus maquinarias, nos muestran una arquitectura desnuda cuya escala quedaba oculta tras el bullicio de la producción industrial.




Este es el caso de la antigua nave oeste de la Tabacalera de Logroño, actual Sala Amós Salvador, construida a principios del siglo XX por el arquitecto Luis Barrón como almacén de secado de la fábrica de Tabacos.

Ahora la recuperación de su arquitectura va acompañada de la modernización de sus instalaciones, en un doble sentido. Por un lado, la instalación de aerotermia reduce de forma importante las emisiones de dióxido de carbono, y por otro, la implantación del gemelo digital desarrollada mediante la metodología BIM permitirá al propietario una vasta recogida de datos con la que adaptar el edificio a sus patrones reales de uso.

Esta digitalización ha venido acompañada de otros recursos que amplían su oferta como espacio expositivo. Los estores motorizados permiten la entrada de luz natural; las lámparas suspendidas pueden modificar su altura en remoto; y los focos ofrecen distintas temperaturas de color y aperturas de haz, adaptándose a las necesidades de cada exposición.






































