Ubicada en una esquina del paisaje de pinos de Pinamar , esta casa de vacaciones se concibe como un espacio para disfrutar del tiempo libre. La vivienda busca crear una atmósfera playera —relajada, luminosa y permeable— donde la vida cotidiana se extiende al exterior y el paisaje se integra constantemente.
La disposición en forma de «L» organiza la planta y resuelve el problema de la esquina, definiendo un límite más cerrado hacia la calle a la vez que abre la casa hacia su interior verde. Esta geometría diferencia claramente dos áreas: el ala corta, abierta y pública, que alberga la sala de estar, el comedor y la cocina; y el ala más larga e introspectiva, donde se encuentran los dormitorios.

Una ligera variación en los niveles sigue la topografía natural y refuerza esta organización. La casa se apoya y se eleva del suelo con precisión, generando transiciones suaves y evitando una lectura completamente horizontal. Esta variación también permite perspectivas transversales y secuencias espaciales más ricas.
Los patios son elementos clave en la articulación del proyecto. Funcionan como puentes que conectan los espacios, aportando luz y ventilación, y creando pequeños ambientes domésticos. En algunos casos, actúan como bisagras entre las dos fachadas, difuminando los límites y permitiendo que la vegetación se integre en la experiencia interior.




La zona principal de estar se define por un techo inclinado que amplifica la altura y enfatiza su carácter colectivo. La luz entra de forma controlada, deslizándose sobre las superficies y reforzando una atmósfera serena. Este espacio se extiende hacia una galería elevada, entendida como un umbral habitable que conecta la casa con el jardín y la piscina, favoreciendo una vida al aire libre continua.
En la fachada más expuesta, una serie de revestimientos ligeros —persianas y filtros verticales— regulan la relación con la calle. Estos elementos permiten modular la privacidad, filtrar la luz y crear una fachada cambiante, donde la casa se abre o se retrae según su uso.

La materialidad se alinea con la idea de una arquitectura de bajo mantenimiento, típica de una vivienda de temporada, sin perder calidez. El hormigón define las losas y proporciona masa térmica; la piedra actúa como ancla al terreno y al entorno; y la madera, presente en interiores y techos, aporta calidez. Los tonos claros, los revestimientos ligeros y la continuidad de las superficies refuerzan una expresión equilibrada, donde lo robusto y lo ligero coexisten para construir una identidad ligada a la vida costera.
















































