¿Podemos construir en esta ladera depositando una única pieza?
Para responder a esta pregunta, el proyecto se dibuja como una lámina muy fina, de tan solo 15 centímetros de espesor, que se pliega siguiendo el desnivel natural del terreno y respondiendo, al mismo tiempo, a los condicionantes de la normativa.

La sección organiza el programa como una secuencia descendente. Desde la cota de acceso, el garaje da paso a la zona de día, la piscina y, finalmente, la zona de noche. Cada uno de estos ámbitos ocupa una posición precisa en la pendiente, haciendo que la vivienda acompañe la topografía.




El pliegue permite además, orientar de manera diferente cada parte de la casa, buscando las mejores condiciones del lugar. Se potencian así tanto las vistas frontales como las laterales. Esta visión lateral permite abrir la casa hacia el mar, enmarcado entre el Clot d’en Llaudís y la Punta del Puig Negre, haciendo que el horizonte aparezca de forma continua a medida que se recorre la vivienda.

La arquitectura se entiende como un mecanismo capaz de atrapar el paisaje circundante. La fina lámina se prolonga para generar ámbitos protegidos del sol, espacios intermedios donde interior y exterior parecen formar parte de una misma estancia. La casa busca ampliar el campo de visión y hacer presente el entorno desde distintos puntos.
Desde la parte inferior, la pieza reduce su presencia para mantener la lectura de la ladera. Desde el interior, en cambio, se transforma en una sucesión de espacios abiertos al horizonte.
Una única pieza que se pliega para resolver estructura, programa, sombra y relación con el terreno. Un lugar protegido desde el que mirar, recorrer y disfrutar de la isla de Ibiza.










































































