En 1889, los terrenos pertenecientes a varias fincas en Campolide se subdividieron en lotes, lo que dio lugar a la construcción de tres poblados obreros: Amarante, Cabaço y Maia.
En Vila Maia se encuentra el «Barracão», un edificio de mampostería con tejado de tejas de Marsella y suelo de tierra, destinado al almacenamiento de materiales, herramientas y carros; una estructura erigida en la década de 1920.

La intervención parte de esta estructura preexistente: un volumen con una única fachada de 14 metros, una profundidad máxima de 23 metros y una superficie interior de 267 m², con cubierta a dos aguas. Las fachadas laterales y trasera son ciegas, concentrándose las aberturas en la fachada principal que da a la calle.




Esta condición determinó uno de los principales retos del proyecto: introducir luz y ventilación en el interior profundo del edificio.
La creación de patios y lucernarios reorganiza espacialmente las dos plantas y establece nuevas relaciones visuales y funcionales entre los compartimentos, garantizando la iluminación y la ventilación.

La tipología adoptada se basa en la casa romana con impluvio.
El patio central funciona como elemento estructurador de la vida doméstica, articulando la continuidad espacial entre el interior y el exterior. La casa se desarrolla en dos plantas: las zonas comunes se ubican en la planta baja, donde el nivel del suelo se ha rebajado para permitir una mayor altura del techo. Las zonas privadas se sitúan en la planta superior, aprovechando el volumen del tejado.


































